
Quisiera tocarte la cara
como cuando era niña
y abrazarme a tu cuerpo de harina, madre.
Jugar y contar las florecitas de tu mandíl
dormirme al arrullo de tus pasos
como en un bosque lleno de pájaros.
Quisiera saltar a la cuerda como entonces
mientras los colchones se orean al sol
rodearte el cuello con mis brazos crecidos
y decirte cuanto te necesito.
Quisiera, madre
encontrar el camino de vuelta
los mismos olores para aliviar mis días
idéntica ternura blanca para sentir.








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