Prolongándonos en cada milímetro de piel
se extienden nustros latidos
hasta donde acaban los sueños y estamos solas.
Alargando el deseo viscoso que nos quema y late
retenemos la maréa
que romperá sus olas contra la piel caliente;
salpicando muslos, pechos y manos.
Momentos de quietud
rehaciendo el abrazo largo y lento de la ternura
de las palabras que brotan viejas y entrañables
Como las mismas flores que amamos todas las primaveras.
Retomamos la cordura perdida
olvidada entre la sábanas
donde todavía yacen restos de saliva y fantasía,
donde el placer húmedo de hacer realidad los sueños no tiene límite.








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