cuando pasaba el carro del lechero
y rompía el hechizo blanco de la nieve.
No sabía entonces que la vida es como ese carro
que nos pasa por encima
partiéndonos la inocencia
y los sueños más puros.

¡Necesito un campo inmenso
donde mullir mi alma al sol
para recuperarla de la tristeza.
Necesito volver a la tierra
a los puentes viejos y a los molinos,
a los zarzales antíguos y a los pinares,
a los días felices de infancia
para recobrar el primer latido
la emoción primitiva del sol en la piel
enseñándome también el primer dolor.
Necesito toda la lluvia
para ablandar las costras adheridas al corazón
...Volver al camino desnuda, desposeída
agarrada de la mano del aire y de la luz.








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