Me dejas un duro suelto- Madrid 1995-

21 junio 2011
La primera vez que la ví fue en una boca de Metro; concretamente en Tirso de Molina. Hace ahora, en Septiembre dos años.
Sentada en las escaleras miraba hacia el suelo y sólo levantaba la vista cada cierto tiempo. Tiempo que calculaba, supongo, entre la incesante marea de pies que delante de ella se sucedían.
Yo me imagino que a cada pie le pondría una cara, y a cada zapato una condición.
Como si contar pies fuera su trabajo, repetía:

- ¿Me dejas un duro suelto?

Hace días la he vuelto a ver y no parece la misma. Ha desmejorado visiblemente, aunque lleve las uñas coquetamente pintadas de rojo o violeta. Su cuerpo delgado cada día está más encogido. Nadie sabría calcularle los años y sin embargo es jóven. Lo dicen sus ojos; o esa manera suya de mirar que parece que sólo le faltase un duro para redondear la compra de algo importante; de hacer un viaje que posiblemente nunca tenga comienzo. Porque antes lo celebraría en el bar de la esquina. Como ayer; como hoy; como la mañana de domingo que repostada en la barra consumía lentamente su vida en aquel trago largo.
O quizá me esté equivocando y ella haya reunido tal cantidad de dinero que por fin pueda celebrarlo y emprender su viaje. Sin maletas. Sin nostálgia. Embriagada por el recuerdo de una estación de Metro y de unos cuantos duros sueltos en su bolsillo.

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