
A veces el camino nos lleva a descubrir que simplemente caminando somos felices. Atravesamos páramos de soledad que reconfortan nuestro espíritu. Avanzamos cuando somos capaces de retroceder para asegurarnos la ruta a seguir. Pero a veces no nos sirven los planos ni las brújulas, sólo la intuición. La intuición de haber emprendido una senda que no nos llevará a ningún sitio, la intuición de saber que vamos equivocados en el camino. Es la inercia del caminante. Seguir hacia delante, avanzar km a través de la lluvia y de la nieve que nos va sepultando cada vez más. Vamos siguiendo una línea recta que nos conduce a la tristeza. Dejamos restos de un corazón que cada vez se parece más a un músculo roto. Y la desilusión nos espera en algún recodo, detrás de alguna maleza acecha la desesperanza como única forma de regreso. Hagámonos caso cuando las alertas saltan por encima de los árboles, cuando las señales nos impiden seguir caminando. No seamos tan valientes para luego regresar hundidos al dolor. La pretensión sólo es un arma de doble filo donde algunos nos dejamos jirones demasiadas veces. Llegarán tiempos mejores para salir al mundo sin necesidad de llevar equipaje. Veremos otros amaneceres, respiraremos el aire adecuado para seguir creyendo que la vida es el mejor viaje que nos pueda siempre suceder. No habrá punto de partida, no existirá un sitio al que llegar. Existirá el camino. Y nuestras nuevas formas de caminar. Cada paso una llegada. Y como dijo el poeta "
Cada llegada no es el fin de una aventura, sino el comienzo de un regreso".
0 comentarios:
Publicar un comentario