Creer en una misma nos salva de muchas cosas y hasta a veces de nosotras. Creer en los demás es algo más complicado porque utilizamos diferentes raseros para medir la fiabilidad del contrario. Pero de repente llega alguien que nos desbarata la teoría de la fiabilidad y nos entregamos por entero...o por sus formas...o por su manera de mirarnos. Se encienden todas las farolas en nuestro corazón, se vuelven locos los faros en el mar y la luz se convierte en algo tan hermoso que ya no queremos quedarnos nunca a oscuras. A mí sin embargo me enamoró tu oscuridad, la perfección de tu tristeza como un barco a la deriva. Y yo me sentí capitán en el barco de tu cuerpo navegando hacia la nada. Construí mil veleros con mis sueños para llevarte por el mundo de la emoción y devolverte la alegría. Atracamos en puertos hermosos donde la gente caminaba por las calles ebrias de soles encendidos. Y fuimos felices. Y sentimos el placer de sentirnos acompañadas en el viaje. Pero no unidas. Yo sentía que mi alma se iba alejando de la tuya. Y tú no sé lo que sentías.Nuestros rumbos se desviaban en alguna travesía.Y la proa del barco ya no nos llevó a la mar. Varadas en la orilla regresamos caminando heridas. Tú querias seguir caminando. Yo necesitaba sentir el sol mientras permanecía en la otra orilla del océano.
Escuchando sueños
Hace 15 años








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