La casa donde hoy habito necesita tus pasos y tu aliento en el cristal, dibujando nubes. Te esperé tres días sentada a la puerta de la calle mientras los hombres iban camino del campo.
Una mañana fría, el cartero llegó a la casa y me alargó una carta. Tu letra alargada y picuda como los cipreses del cementerio, casi me llevan a él cuando supe que te habías ido para siempre.
- "La ciudad me acoge en su cuerpo inmenso"- escribes-
A mí se me están olvidando aquellos abrazos largos que me dabas siempre al volver de la escuela.
-"Hay mucho ruído y las calles son tan largas que parecen no acabarse nunca."
Y a mí hijo se me están terminando los días esperando tu regreso, porque tengo tántas cosas que decirte...
- "No hay tanta luz como en el pueblo; aquí todo está iluminado con luces de neón y hay muchas tiendas. Le gustaría mucho; hay vestidos preciosos, y nadie usa mandíl ,madre".
Tengo el balcón abierto y está entrando el sol. Tú sabes cómo ilumina la casa; al mediodía hay que cerrar las contraventanas para aliviarnos de tánta luz. A mí me gusta que sea así. Me gusta vivir aquí y usar mandíl - a tí entonces también te gustaba- todos los domingos venías a la cocina y te abrazabas a mi cintura.
- ¡"Venga mamá, dáme un trocito de bizcocho" - pedías con voz dulce y mirada zalamera-
-" Y por qué sabes que he hecho bizcocho?" - te preguntaba sorprendida-
- "Porque te huele el mandíl a canela y a limón".
Hoy los domingos y todos los demás días de la semana no son como antes. En realidad ya nada es como antes desde que te has ido.
-"Los días en la ciudad pasan rápido, madre. Todo el mundo corre y nadie se para un minuto para mirar el cielo. Aquí las estaciones del año no se distinguen como en el campo. En los jardines hay flores tan perfectas que parecen de plástico; no se parecen en nada a los rosales que plantaba papá todos los años".
Tu padre no es el mismo desde que te fuiste. Cuando encontró tu cama vacía lloró como un niño. Más tarde intentó convencerme de que era lo mejor para tí, y ahora pienso que él lo llegó a creer para no sufrir más.
El rosal que plantasteis juntos llega hasta la ventana de tu cuarto; se expande el olor por toda la casa y son las rosas a veces las que sacan a tu padre de su tristeza infinita .
Muchas mañanas cuando abro el balcón me siento un rato en tu cama y te pienso. Veo tu cara en cada rincón, en cada objeto de la habitación, en los portarretratos comidos por el sol y el polvo - es la única estancia de la casa que no limpio- quiero guardar tus últimas huellas como un tesoro hasta tu vuelta. Todo tiene el aspecto del tiempo que he pasado sin tí.
Pero quiero decirte una cosa importante hijo, cuando la vida deje de ser como tú la has soñado y se te haga imposible seguir, cuando te cueste despertarte cada mañana con la ilusión necesaria para vivir, recuerda entonces el camino que te conduce a casa.
Escuchando sueños
Hace 15 años








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