A mi madre que me cantaba...
Un día más, un año más y van…
Somos puntuales a la cita, unos en el cementerio y todos en el recuerdo. La muerte nos acerca a la vida si sabemos leer la letra pequeña; si supiéramos que no hay más cera que la que arde. Nuestros muertos no lo están mientras les recordemos, y así el poeta nos lo hizo ver a golpe de verso y luz.
El tránsito de la vida a la muerte como un largo viaje donde más de una vez quisimos descansar y algunos hasta abandonar, porque es doloroso el camino y a veces pesado el equipaje.
La alegría de recordar las ausencias debería de llenar nuestro corazón, ya que los que hoy no están, siguen formando parte de nuestro mapa emocional.
Brindo por ellos, por todos y cada uno de los millones de seres que ya no habitan este planeta; por cada hueco dejado, por cada silla vacía, por cada sonrisa que nos encontró de frente.
Escuchando sueños
Hace 15 años








0 comentarios:
Publicar un comentario