Cuanta miseria e hipocresía puede albergar el alma humana.
Ha venido el Papa, ha sermoneado a quien haya querido escucharle…y se ha marchado creyendo que todo está bien.
Cumple con su agenda como un ministro, como un elegido de Dios y se marcha a conquistar otros “mundos”. Porque en este ya no cabe mayor degradación ni desolación. Atrás quedan los desamparados y los tristes, los que pasan sed y hambre también de justicia y de cordura. Somos tantas las personas hastiadas que si nos juntáramos llenaríamos “ Cuatro Vientos” y si me apuran formaríamos un viento nuevo.
Luis Rosales lo dijo bonito y verdadero:
Quien abre los ojos, quien los abre de veras, ve un asombro, un asombro sin límites: La vida.